Mostrando entradas con la etiqueta Dreamers. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dreamers. Mostrar todas las entradas

9 de enero de 2014

Los Guerreros del Dragón : La reina y el pasillo de las puertas ( Capítulo III )


Un largo y nevado pasillo repleto de puertas se hallaba ante mi.
Al fondo, veía mi propio reflejo en un gran espejo que iba del suelo al techo, sin dejar un solo espacio de pared. Veía los copos de nieve caer al suelo y alcé la vista. Sobre mi cabeza había un techo tan negro como el carbón y no parecía que hubiera forma lógica de que la nieve cayese a través de él. Pero así sucedía. Parecía un cielo oscuro en una noche nevada.
Pese a que la habitación estaba iluminada, no veía lamparas o focos que originasen esa luz. Ni siquiera había ventanas o alguna rendija por la que se colara. Aquel pasillo estaba totalmente cerrado.

Avancé con cautela, pues no sabía que tenía que hacer en aquel lugar. Intenté abrir la primera puerta que encontré a mi izquierda, pero estaba cerrada. Probé con la que estaba la derecha y me encontré con más de lo mismo. Completamente cerrada. Seguí probando puerta por puerta, hasta que oí un chasquido.
Mire a ambos lados del pasillo pero estaba sola. Aguardé un momento escuchando atentamente por si volvía a oír aquel ruido, pero tras un tiempo de espera continué moviendo cada uno de los pomos, pero ninguna puerta se abría. Entonces me fijé que la cerradura de las puertas eran extrañas y cada una tenía una forma diferente. Tenían una forma cóncava, pero ninguna era igual.

-¿ Es que no ves que necesitas una llave? - Preguntó una voz infantil, tras una pequeña risa.
Me quedé petrificada, pues esa voz la conocía. Miré hacia el lugar donde la oí y vi el espejo y mi reflejo en él. Este, al igual que yo, agarraba el pomo con fuerza intentándolo hacer girar.
Intentaba averiguar de dónde vino aquella voz cuando un fuerte golpe en la puerta principal me hizo dar un brinco del susto.

-Si no te hubieras quedado mirando las musarañas, ahora no las tendrías encima.- Dijo otra vez la voz. Volví a mirar el espejo y me acerqué a él. No había nada extraño, todo era idéntico,pero mi reflejo... estaba cambiando.- Y lo vuelves a hacer. ¿Es que quieres perder? - Preguntó mi reflejo de cuando tenía siete años. Una niña de pelo castaño y claro, ojos verdes, vestida de rojo y blanco. - No me mires con esa cara y busca la llave. No tenemos tiempo. Si entran romperán el espejo y ganarán.- Se quedo terriblemente sería y me miró con tristeza.- Y desapareceremos. Igual que mamá.
Sentí un pinchazo de dolor en mi pecho y traté de apartar aquellos pensamientos que durante años había mantenido lejos.

Me agaché y empecé a buscar la llave entre la nieve, mientras oía como las hermanas aporreaban la puerta.
-¿Dónde está la llave? -Pregunté.
-No lo se.- Contestó la niña del espejo. - Ella la tiró por debajo de la puerta porque no quería salir de la habitación.- Dijo pensativa. Yo la miré extrañada y me hizo un gesto con la mano para que continuará buscando.- Hace años de aquello...
Aparté un gran puñado de nieve y sentí mis dedos congelados.
-¿Cómo que hace años?
-Ella creía que alguien vendría a buscarle si le quería. Pero no fue así. Todos creyeron que realmente quería estar sola, y se apartaron. Nunca vinieron a buscarla. -Oímos como la puerta empezaba a romperse y mi corazón comenzó a latir acelerado. - Date prisa, es más fácil de lo que piensas. Necesitas concentrarte.- Dijo haciendo una mueca.
-¿Sabes dónde esta?
Ella negó con la cabeza.
-Tienes que tener paciencia. Tienes que dejar que termine de contártelo. - La miré con recelo y vi como los golpes iban rompiendo la puerta.- No puedes dejar que el miedo gane.

Me puse a retirar la nieve que había junto a las puertas pensando en lo que había dicho la niña. Quizás la llave la habían arrojado junto a una de estas. Pero había tantas...

-Se encerró en si misma, y pasaron los años.- Continuó la niña.- Se fue abandonando y la nieve fue cayendo hasta ocultar bajo ella la llave que la liberaría. La capa de nieve se hizo tan gruesa que la gente pasaba por encima sin darse cuenta de lo que ocultaba. Nadie jamás la sacaría de allí, y tarde o temprano se volvería loca y moriría. Solo una persona era capaz de encontrar la llave y abrir esa puerta. Y esa persona, era ella misma.

Al oír aquello me detuve, ¿ se estaba refiriendo a mi? La niña ladeó la cabeza y señaló hacía la puerta principal, donde las hermanas estaban apunto de derribarla. Me estaba quedando sin tiempo.
Recordé como mi padre una vez dijo que no tenía amigos porque los había apartado de mi desde... No, no quería pensar en ello..No podía hacerlo. No debía hacerlo. Me derrumbaría y entonces no habría forma de seguir adelante. Perdería.

-Tienes que recordar dónde dejaste la llave.- Dijo la niña sentándose en el suelo, doblando las piernas. Puso los brazos sobre sus rodillas y ocultó su rostro en ellos. - La lanzaste bajo una puerta, recuerda cual era. Recuerda aquel día. No dejes que...

***






22 de diciembre de 2013

El Reencuentro (Fanfic El Nombre del Viento)





Kvothe no esperó encontrarse conmigo cuando subió al tejado. Dio un paso con cautela y cuando vio que sostenía su laúd entre mis manos, se tensó por completo.
¿Cómo has...?
Sonreí aunque él no pudo verme debido a la capucha de la túnica, que me cubría el rostro, y a la oscuridad que se cernía sobre nosotros.
Ha sido fácil engañar a esa chalada de pelo rubio. Observé el laúd—. Veo que por fin conseguiste uno —comenté, recordando. Alcé la vista y contemplé como él seguía con la mirada los movimientos que hacía con el instrumento—. Lo que no comprendo es como has cometido el error de dejarlo solo al ser algo tan preciado —me burlé.
Un gran error, sin duda —respondió.
Después de tres años sin poder tocarlo... —Pude ver como aquel dato le cogía por sorpresa.
¿Cómo sabes que estuve tres años sin tocar uno? Hice el amago de tocar el instrumento y él se lanzó hacia mi.
Chasqueé los dientes.
En mi mente fui escribiendo una palabra, y ante mi, entre nosotros dos, fue apareciendo aquella palabra. Era como si la escribieran sobre un lienzo invisible con suaves y delicados trazos. Cuando la palabra barrera fue totalmente visible hubo un pequeño destello en el lugar donde estaban aquellas palabras y Kvothe chocó con una barrera invisible. Reí satisfecha.
Se que no eres una arcanista —dijo, intentando salir de su asombro—. No me explico cómo has podido hacer eso.
Di un paso hacia él.
¿Qué más dará? Sigo con tu preciado laúd  —le recordé,lanzándolo al aire—. ¿Lo has olvidado o que? Reí de nuevo viendo como el instrumento caía hacia el suelo. Kvothe dio un grito y volvió a chocar contra aquella barrera.
Antes de que el laúd tocara el suelo, unas letras fueron apareciendo junto al instrumento, rodeándolo y haciéndolo flotar. Cuando la palabra estuvo completa, la barrera desapareció y Kvothe se acercó hacia mi. Sonreí y el instrumento flotó hacía él. Lo cogió con recelo y me clavó la mirada. Echaba tanto de menos aquellos ojos...
Que tonto eres —dije con un tono tierno, sin poder evitarlo. Me coloqué delante de él y le observé. Se había vuelto a quedar tenso—. Veo que todavía sigues quedándote atontado cuando se te acerca una chica, ¿eh? Bromeé.
Él me estudió, aunque no podía verme.
Tú voz me resulta familiar.
Yo bufé y me quité la capucha.
¿Solo te resulta familiar? Crucé los brazos, molesta por no reconocer mi personalidad, pero al verme, vi como sus hombros se relajaban.
Se acercó más a mi y sonrió.
¿Selene? —preguntó—. Eres una maldita...
¿Una maldita qué? —pregunté dándole un codazo—. Podría haber roto ese laúd si hubiese querido. Te fuiste sin decirme nada. ¡Nada! Ni una nota, ni un mensaje... ¡Me enteré por Trapis, y ni siquiera sabía dónde te habías ido! Protesté mirándole fulminante.
Me abrazó con fuerza y no pude evitar sonreír mientras apoyaba la cabeza en su hombro y le rodeaba con los brazos. Los ojos se me humedecieron y luché por no llorar.
No creas que no lamenté no despedirme. Me dio un cálido beso en la frente—. Te busqué y pregunté por ti, pero no te encontraba y tenía que irme. Tampoco sabía como iba a despedirme. Sabía que tú no habrías querido venir.
¿Y tú qué sabes? —pregunté dolida. En ese momento noté mi voz rota por las lágrimas. Sus brazos me estrecharon con fuerza—. No eres tan listo como te crees, que lo sepas.
Ayudabas a Trapis con los niños, aquello te hacía sentir útil. También me dijiste una vez que no querías ir a la universidad, y tampoco podrías haberla pagado.
Es igual —protesté—. Habría buscado algo. Cualquier lugar es mejor que Tarbean, mientras tú estés cerca.

Le conocí el día en que Pike rompió su laúd. Sabía que si me metía en la pelea acabaría peor que él, por lo que alerté a un guardia que espantó a los chicos. Me quedé esperando a que Kvothe volviera en si y me marché. No me atreví a acercarme a él porque cada cicatriz que cubría mi piel me recordaba lo malas que podían ser las personas.
No volví a verle hasta un año después, cuando tuvo otro enfrentamiento con Pike y yo estaba con ellos. No me gustaban, pero yo me dedicaba a sobrevivir en las duras calles de Tarbean, y ellos me proporcionaban protección.
Kvothe consiguió escapar y como yo era la más rápida de nosotros le alcancé antes que nadie. Le golpeé fuerte en la cabeza y le robe todas sus pertenencias, para que no se la quitaran los demás. Le dije que me buscará en el sótano de Trapis y me marché por donde vine. Le aseguré a Pike que no debían preocuparse más por aquel estúpido y escapé hasta el sótano, antes de que pudieran quitarme todo lo que le había robado.
Guarde sus cosas y esperé a que llegara. Cuando lo hizo, se las devolví y le expliqué que Pike había dicho que la próxima vez que lo viese iba a matarlo, por lo que quise hacerle creer que ya le había matado yo. Nos hicimos amigos y aunque no nos veíamos todos los días, cuando lo hacíamos todo era más soportable. Fui la primera persona a la que contó lo de sus padres y los Chandrian.

Se apartó de mi y me secó las lágrimas con los dedos.
¿Cómo supiste dónde estaba? ¿Dónde estabas tú cuando yo te busqué?
Suspiré y me senté en las tejas con cuidado.
Pasaron unas cuantas cosas... —hice una larga pausa—. Cuando descubrí que te fuiste, pese a que me imaginé a dónde, no sabía como ir. Un día vino ese tal Lorren de la universidad a buscar el libro de Abenthy que habías empeñado. —Sonreí ante su interrogante mirada—. Una chica tiene sus contactos y se informa. Bajé la cabeza—. Le seguí, pero por el camino... Hice otra pausa y le miré a los ojos—.No pasó nada bueno. —Me puse en pie y traté de controlar la respiración. En verdad he venido a verte para despedirme.
¿Despedirte? —preguntó, incrédulo. Miró mis ropas y al ver que ya no vestía como en Tarbean se quedó pensativo—. ¿No vienes a quedarte? Negué con la cabeza—. ¿Por qué tienes que irte?
Hice algunas cosas por las que tengo que pagar el precio. Las lágrimas volvieron a amenazar con salir—. La próxima vez que nos veamos, seremos enemigos —dije con un hilo de voz—. Eso si no me matan antes.
Me agarró de los brazos, preocupado, y me miró fijamente.
¿Si no te mata quién?
Me quedé callada sin saber como decírselo. Si se lo decía tendría que responder a muchas preguntas y eso podía ser muy peligroso.
—Hay gente muy interesada en lo que soy capaz de hacer —dije mientras unas palabras se escribían sobre nuestras cabezas. Cuando noté las gotas de lluvia me centré y se detuvo—. Y eso no es nada. Puedo hacer más.
Me agarró del rostro con las manos para que no apartara la mirada.
—¿Quién?
Sus ojos delataban la sospecha que había en él y mi mirada debía confirmarla, porque noté como contenía las lágrimas.
Aún así me atreví a decirlo en voz alta.
Los Chandrian. Apartó las manos y cerró los ojos—. Llevo dándoles esquinazo ya un tiempo, no me han encontrado de milagro y porque he conseguido escapar con mi poder, pero se que no será eternamente, nunca nadie escapa de ellos.  A veces he pensado que si... que si muriese de alguna forma eso ahorraría...
No —contestó tajante—. Debe haber alguna forma. No pueden...
No hay ninguna forma, Kvothe. Le corté. Noté como se ponía nervioso—. No hay nada que podamos hacer. Ya sabes lo que hacen. Le abracé fuerte.
Esta vez les vemos venir. Sí que podemos hacer algo.
No. No podemos. Acaricié su pelo y sentí como una de sus lágrimas caía sobre mi cuello.
Les mataré —dijo estrechándome fuerte—. Los mataré a todos.
Entonces te convertirás en un asesino. Y no eres un asesino.
Tú me salvaste la vida una vez. Ahora debo hacerlo yo.
No puedes.
Me apartó de forma brusca y me miró molesto.
¡No soporto que digas eso! Me haces sentir un inútil que no sabe hacer nada. Y se hacer muchas cosas. Se sentó y observó su laúd—. Y aprenderé más. Me miró abatido—. Pero tú tienes que quedarte. Negué con la cabeza—. Sí, aquí. Puedes quedarte con Auri, yo te traería comida, ella te haría compañía y cada día...
—Quería verte al menos una última vez. Sonreí con tristeza y me senté a su lado
No será la última vez que me veas — aseguró, molesto. ¿Recuerdas como nos conocimos? —Besé su frente conteniendo las lágrimas.
Sí, me diste tan fuerte que...
Pues recuerda aquel momento y lo siguientes.
Una fuerza le golpeó en la cabeza y las palabras se fueron difuminando en el aire que había tras él.  Le tendí sobre las tejas y me marché.









Licencia Creative Commons
Basada en una obra en http://lahistoriadekvothe.com/.

***

* ¿Qué es un Fic? : Sencillamente es un relato de ficción escrito por fans sobre una obra ya existente. En este caso, El Reencuentro es un fic, fanfinc o también llamado fanfiction de El nombre del viento, de Patrick Rothfuss.  Todos los personajes mencionados en el relato le pertenecen a él, salvo Selene que es invención mía. 

Descubre más sobre los fanfics aquí
Encuentra fanfics de tus libros favoritos en Facfiction



3 de diciembre de 2013

Dulce Navidad

Faltaba unas días para Navidad y había acompañado a mi madre a la papelería que tenía antes.
La verja estaba entreabierta y la puerta de cristal rota.  El cristal del escaparate se mantenía intacto pero había desaparecido todo lo que había en él.  Solamente quedaba un sombrero de bruja, por lo que recordé que mi madre cerró la tienda algún año en que se acercaba Hallowen.

La papelería no estaba menos destrozada por dentro. Todo el material estaba abierto, tirado y roto por el suelo  : jarrones, botes, figuras,libros, cristales...  Entré tras el mostrador y vi que en las estanterías donde se colocaban las cosas ya no había nada. Vi una caja de gomas blancas, que se estaban volviendo de azul oscuro. Ese azul se estaba esparciendo, como si tuviera vida, a las demás gomas que todavía quedaban blancas. A los pocos segundos ya no quedaba ni una sola sin tintar.

Mi madre maldecía por lo bajo sobre el desastre que le habían hecho a la tienda después de cerrarla, porque no había sido una simple papelería. Allí hubo algo más, algo que nunca me dijo pero que yo siempre supe.
Entré a la trastienda y vi los altos estantes con cajas, cajones y armarios. Vi unos pinceles capaces de pintar en el aire y crear lo que estabas imaginando. Podía crear una puerta y marcharme de ahí. Los cogí sin hacer mucho ruido para no llamar la atención de mi madre y los guarde en la chaqueta. Encontré un jarrón lleno de polvo y lo cogí recordando que era. Lo abrí con cuidado y me guardé un poco en los bolsillos del pantalón.  Me acerqué a una estantería en la que no había más que material escolar y pedidos que nunca llegaron a recoger. Me agaché y toqué la madera de la parte inferior. Golpeé con cuidado  un lateral mientras con la mano presionaba el otro y poco a poco la madera se salió. La retiré y metí la mano dentro.
Tenía que estar. Debía seguir ahí. Nadie podía haberlo encontrado.
Respiré aliviada cuando toqué la tela. Lo saqué de debajo de la estantería y observé aquella tela roja carmín que envolvía algo muy valioso para mi.  Me dispuse a quitar las cuerdas negras que lo envolvían, cuando oí la voz de mi madre.

-¿Dónde estas?- Preguntó
. Su voz sonó cercana y supe que estaba acercándose a la trastienda. Metí aquello bajo mi camiseta y el pantalón y me aseguré de que la chaqueta lo tapara bien. Entonces me puse en pie y para cuando ella apareció yo estaba mirando en lo alto de los estantes.
-¿Qué estas haciendo? - Preguntó con recelo.
-Busco regalos de navidad.- Contesté cogiendo una muñeca. - ¿Esto le gustará a Maya?
Mi madre me miró extrañada.
-¿Regalos de navidad? ¿Para quién?
-Para la gente. -Continué buscando. Agarré un puzzble para niños y lo aparté junto a la muñeca.
-Esos juguetes y todo lo que hay aquí esta para tirar. 
-Por eso mismo quiero darlos. Antes de que se estropeen del todo quiero dárselo a alguien.
Mi madre soltó una carcajada.
-¿Y a quién se lo vas a dar? No creo que esa muñeca le interesé a ninguna amiga tuya. Además, esta rota. - Dijo marchándose de la trastienda
.

Eso es lo que quería aparentar la propia muñeca.  La miré fijamente y vi como toda la suciedad que tenía encima  desaparecía y volví a recuperar el color rosado en sus mejillas. Una de las trenzas que tenía rota del pelo se arregló como si alguien se la estuviera cosiendo en ese mismo momento y la muñeca movió un poco la cabeza, antes de pasarse las manos por el rostro para quitarse un poquito de polvo de la nariz. Sonrió y se colgó de mi brazo.

-¿Por fin veré a una niña? - Preguntó con voz dulce y suave.
Afirmé con la cabeza y continué buscando.
- Pero no puedes revelarle  que procedes del mundo mágico. Todavía es muy pequeña, solo encárgate de cuidarla y sigue fingiendo ser una muñeca.
Ella asintió y se subió en mi cabeza.
Agarré un sonajero en forma de duende y se los di a la muñeca para que los sostuviese. Al poco rato ya les oía hablar entre ellos.
-¿Espíritu de que?- Preguntó la muñeca.
-Bosque, he dicho bosque.- Dijo una voz que sonaba vieja y sabia.

-Date prisa, vamos a irnos, ya he encontrado las cosas- Dijo mi madre de fondo.
Cogí una manta plegable que se abría y tenía dos grandes arcos que iban de un lado a otro de los cuales colgaban juguetes para bebés. Sobre los arcos había un cochecito rojo que sonaba moviéndose solo.
-¿Qué estas haciendo? ¿Y ese ruido?
El cochecito se quedó inmóvil y se llenó de suciedad por si solo.
Plegué la manta y antes de bajar de los estantes, vi otra muñeca sentada moviendo las piernas al aire.
- ¿No te olvidas de mí? - Preguntó con voz divertida.  Saltó sobre los demás y se empezó a llenar de suciedad.

-Recordad. Nada de mostrar vuestra verdadera forma, nada de moveros por si solos. Solo cuando sea el momento, pero todavía no. Y hasta que no os deje con ellos, debéis parecer juguetes estropeados o él sabrá que seguís vivos. - Todos afirmaron al unisono. - Ya estoy mamá. Podemos irnos.- Dije al salir de la trastienda.



13 de noviembre de 2013

Los Guerreros del Dragón : Como tratar a una dama (Capítulo II)

Cuando atravesé la puerta, el tiempo pareció ralentizarse. Todo se había vuelto oscuro a mi alrededor y había un silencio absoluto. Intentaba mover las piernas, pero era como tratar de levantar un coche bajo el agua. Entonces recordé las palabras de mi instructor e intenté tranquilizarme. Solo era una fase más. 
Todas las cosas que habían sucedido eran extrañas y no tenían sentido. Nada tenía sentido desde aquel extraño accidente..


Debía haber pasado un día.
Estaba en la parada del autobús, con Liam, cuando vimos algo oscuro caer en picado hacia la carretera y provocar un accidente en cadena.
Aquella bestia se erguía mientras desplegaba unas grandes e imponentes alas, que causaban terror.
Tenia una boca enorme, sembrada de afilados y amenazadores dientes. Y lo peor de todo es que nos estaba mirando con sus penetrantes ojos amarillos.
Creí que me estaba volviendo loca, pero cuando note como Liam, se tensaba a mi lado y empezaba a retroceder, comprendí que no era la única que lo estaba viendo. Sin embargo, si que parecíamos los únicos.
La gente avisaba a las autoridades y corrían al lugar del accidente para socorrer a las victimas, sin prestar atención a aquel gran ser que aplastaba todo con su peso. ¿Qué estaban haciendo?  

Oí un extraño grito que procedía desde lo alto y vi como aquella criatura alzaba el vuelo, perseguida desde lejos por una figura azul que se dirigía veloz hacia ella. Juraría haber visto hielo en el espacio que los separaba. Agarró a la criatura oscura con sus grandes garras y lo cubrió con sus enormes alas.Se perdieron a lo lejos mientras las ambulancias llegaban y corríamos a ayudar a los heridos más cercanos.
Le conté lo ocurrido a Liam, pero el se dedicó a negarlo. Entonces alguien me golpeó en la nuca y no volví a verle.



Desperté en una especie de cueva pequeña y oscura.
Estaba atada a una silla de madera y delante de mi había un hombre, también sentado en otra silla, bebiendo cerveza tranquilamente. Su pelo rubio estaba enmarañado y tenía un arañazo en la cara. Observaba divertido como intentaba deshacerme de las cuerdas y al ver que no lo conseguía se echó a reír.
-Nadie ha conseguido deshacer uno de mis impecables nudos.-Dijo poniéndose en pie. Se paseó por la estancia y dejó su jarra en una pequeñita mesa que había pegada a la pared. Al ver mi insistencia se acercó a mi y se agachó un poco. -Déjalo, pequeña. Nadie...
Le pegué una patada en la entrepierna y el hombre gritó del dolor, apartándose de mi, mientras se llevaba las manos sobre la zona y soltaba maldiciones. Yo me reí y seguí intentando desatarme, pero era imposible. El maldito lo había conseguido hacer bien.

-¿¡Crees que esta es forma de tratar a tu instructor!?- Rugió sentándose en la silla.
Yo le miré molesta.
-¿Instructor? ¿Instructor de que? Un instructor no ata a la gente. -Empecé a sacudirme en la silla para ver si así se rompía o las cuerdas cedían...

 Sigue leyendo el capítulo aquí.



***


<< Capítulo anterior.                                                                                     Capítulo siguiente >>

9 de noviembre de 2013

Los Guerreros Del Dragón : La prueba de la babosa (Capítulo I )

Aquella enorme babosa me miraba con ojos penetrantes a la entrada del laberinto. Todavía no entendía muy bien las reglas de aquella prueba.
Tenía que llegar a una gran puerta, sin que ella me atrapara. ¿ Como me iba a atrapar una absurda babosa?

Sin embargo, no debí subestimarla.
Cuando la gran señora redonda - y digo redonda porque era tan obesa que parecía una pelota - me liberó y empecé a correr por los pasillos de aquel laberinto, aquella babosa me pisaba los talones. Me la encontraba en casi cada esquina, obligándome a dar la vuelta. Cuando retrocedía sobre mis pasos, o caminaba por donde ella había pasado, resbalaba con su moco y caía al suelo.

Ella no dejaba de burlarse y repetir que no lo conseguiría. Jamás podría ser una guerrera y me pudriría en el mundo de los mortales.
Pero estaba muy equivocada. Había visto la puerta dos veces, pero ella no me había dejado llegar. Solo tenía que engañarla. Sabía que aquel ser no era una babosa normal y corriente. Se desplazaba rápido, pensaba y hablaba.  Sin embargo, aunque no fuera totalmente una babosa, su cuerpo si era de una. Y como toda babosa necesita de su moco para poder desplazarse.

Sonreí al recordar el centro del laberinto. 
Todo el laberinto tenía un suelo liso y llano de color verde, igual que las paredes, que consistían en altos arbustos. Pero el centro del laberinto era diferente. Tenía dos zonas de tierra en la que habían diferentes tipos de flores. 
Yo había pasado por encima de ellas, pero la babosa lo había evitado, porque ralentizaría su velocidad.

En vez de ir directa hacia allí, fui dando rodeos, para que no viera mis intenciones. Crucé rápido por el centro y antes de que ella apareciera, removí un poco la tierra con las manos. Seguí corriendo por el laberinto y repitiendo la misma operación cada vez que pasaba por esa zona. 
Mi cuerpo no iba a aguantar mucho más y tendría que parar a coger aire de nuevo, entonces me atraparía y perdería.
Tenía que hacerlo ahora. Debía intentarlo. Fui corriendo hacia el centro y la babosa me cortó el paso. Retrocedí y me dirigí hacia la tierra. Pero ella no era tonta y lo vio venir.

Entonces caí y empecé a maldecir del dolor. Ella se acercó cautelosa y yo empecé a arrastrarme hacia la tierra, demostrándole que ya no tenía fuerzas y que no podía más. La miré con fingidos ojos llorosos y suplicantes, a la vez que cogía un poco de tierra con la mano.
Saboreando la victoria, ella se lanzó sobre mi y le arrojé el puñado de tierra a los ojos mientras rodaba sobre mi misma y me colocaba sobre la tierra removida.
-¡No podéis atraparme aquí!-Grité sonriente.
-¡No hay nada que yo no pueda hacer, estúpida humana!- Dijo antes de lanzarse sobre mi.

Orgullo. Esa era su debilidad. 
Me levanté enseguida del suelo y me aparté cuando ella cayó sobre la tierra y me acusaba de tramposa.
Eché a correr hacía la puerta, antes de que volviera a tenerla pegada a mi. Aquello no la retrasaría más que unos simples segundos.
Oí a la gran señora redonda detrás de mi. Estaba rodando por el suelo como un gran balón y ganaba velocidad. Pero no fue problema, porque el pasillo se iba haciendo cada vez más estrecho y se quedó atascada, impidiéndole el paso a la babosa, que estaba detrás.

Me reí de ellas dos antes de abrir la puerta y desaparecer de aquel lugar.


***





¡COMPARTE!