Mostrando entradas con la etiqueta Notas sin tinta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Notas sin tinta. Mostrar todas las entradas

9 de abril de 2017

Resquebrajado| Relatos

Quizá haya roto demasiados espejos a lo largo de su vida.
Todos devuelven una imagen distorsionada, porque cada fragmento le muestra un alma resquebrajada.  La de un muchacho que ya no aguanta.

Algunas veces era valiente como un león y en otras see veía huyendo a través de un pasillo sin fin.
En ocasiones portaba una máscara, y cuando volvía a mirar ante el espejo, la sangre brotaba del corte en las mejillas.

El tiempo no pasaba, en el mundo de las maravillas,  y todos los espejos siempre se reían. Mostraban gente que era buena y al instante eran temidas. Falsos, crueles y cubiertos de mentiras. Amistades disfrazadas, como lobos bajo lana.


Se hacían añicos cuando, sin soportarlo más, contra el suelo los rompía. Los cortes del cristal ni siquiera los sentía.  ¿ Cómo podía creer en lo que conocía, si cada vez que alguien nuevo llegaba, otra vez le hería?

¿Cuánta mentira se escondía detrás de las sonrisas que recibía? ¿ Por qué no tenía permitido rendirse y desaparecer? ¿ Por qué tenía que seguir sentado esperando encontrar  la imagen en el espejo que no tuviera que romper?
Su agonía constante del no saber.  ¿ A quién le importaba como a él y quién solo le quería ver desaparecer?.

Se sentía tan roto como espejo había en aquel lugar. Intentaba pegar los trozos para ver si así el reflejo se resignaba a dejarle marchar. Tal vez no merecía ser apreciado y visto en un buen lugar. Únicamente desterrado entre los rotos, descosidos y perdidos, olvidado y sin derecho para dejarse amar.



Puedes leer otros de mis relatos aquí.

11 de julio de 2013

Dulce y venenosa distancia

La más pálida tez que unos ojos hubieran visto jamás.
Su largo y ondulado cabello pelirrojo ondeaba el viento gélido, que al igual que el paisaje helado en el que se encontraba, se extendía a kilómetros.
Sus grandes ojos verdes parecían mirar en lo más profundo de tu ser. Parecían intentar penetrar tu alma.
Labios carnosos pintados de carmín, esperando besar a sus próximas victimas. Un dulce y venenoso beso que los condenaría a sufrir durante tiempo.
Una capa de niebla vestía su cuerpo desnudo, envolviendo cada delicada curva y acariciando cada parte de su peligrosa piel.


Ella se movía por cualquier rincón, por cualquier parte del mundo, sin importar lo mucho que escaparas de ella. Siempre te encontraba y te alejaba, maldiciéndote, de quien amabas.
Construía muros y grietas para que no pasaras, y si alguna vez te lo permitía, ella misma se encargaría de que luego doliera más.

Era manipuladora y engañosa. Te hacía creer que no te haría daño, te hacía pensar que el dolor sería soportable.  Creaba espejismos e ilusiones, te acercaba a sus brazos y casi podías sentirle. Te prometía que algún día estarías con él como querías.
Pero en ocasiones, te apuñalaba a traición por el mero hecho de disfrutar causando dolor. Te mostraba que derrotarla sería muy difícil, y lo que más sensato era rendirse.
Y al no hacerlo, te lastimaba más. Mostrándote la realidad ; que estabas sola.


Ella se metía dentro de los corazones de dos personas y los condenaba a no poder estar nunca juntos, pues a ambos les crearía cadenas que les ataran a los lugares a los que pertenecían.


Así era ella y nunca cambiaría. Así era Distancia.







18 de mayo de 2011

Abismo del Temor

Cruzó el  portal que solo ella podía traspasar y palpar, para ver su propio reflejo con la soga en el cuello.
Estaba en medio de una sala oscura, donde la única luz que había en el techo la alumbraba a ella, de pie en una silla con aquello en el cuello.
-¿Qué coño estás haciendo?- Le preguntó horrorizada.
Ella levantó la mirada lentamente con la mirada perdida.
-Pensar, ¿Qué haces tú aquí?
-No puedo concentrarme ante las cosas que pasan por nuestras cabezas.
Escucha un llanto y mira alrededor, pero no consigue ver nada, no sabe ni si quiera que sitio es aquél. Hace mucho frío y esta tiritando, huele a podrido por todos lados y se mira asustada a sí misma.-¿Qué sitio es este?-Pregunta con voz entre cortada.
-El abismo del temor.-La chica la miró interrogante.- O llámalo como quieras, a mi me es exactamente igual.
-Tus temores…son exactamente los mismos que los míos. –Dice asustada.     
-Exacto.-Mira a la chica que comienza a pensar en cosas no agradables.- No te conviene pensar en tus temores o aparecerán.- De pronto la silla sobre la que se encontraba  pareció ser impulsada por una fuerza sobrehumana y ella se quedó colgando de la soga, sintiendo una presión insoportable, pero a los pocos segundos cayó al suelo, para encontrarse atada con cuerdas al suelo.
-¿Y por qué estás aquí? –Pregunta con curiosidad.- Se que tú no eres Temor. Esta no es tu casa.
Ella intenta levantarse pero las cuerdas de sus piernas se lo impiden, al igual que las de las muñecas.
-Temor está en un rincón hundiéndose en un mar de lágrimas.-Susurra.
-¿Es Temor quien llora?-Preguntó de nuevo.
Ella niega con la cabeza.
-Son mis folios en blanco quienes lloran.
Hojas amontonadas sin nada plasmado en ellas.
Tristes condenados que no merecen estar aquí,
Pero gracias a mí lo están.
Porque solamente los se dejar  vacios
Y cuando consigo llenarlos acaban por los suelos.
-No entiendo nada.-Le confiesa ella.- ¿Por qué esta aquí?
-Por qué no aguanto en pie y Temor me arrastró hasta aquí y solo me….-De pronto dejó de escuchar, la veía a ella articular pero no conseguía oír nada de su voz. Entonces comprendió lo que le había dicho antes, que no convenía que pensara en sus temores o aparecían y entonces pudo volver a oírla. Temía quedarse sorda del todo.
-No encuentro sentido a tus palabras.- Le dice algo apenada.
-¿Acaso algo de lo que yo diga tiene sentido?-Pregunta molesta.- ¿Por qué coño crees que estoy atada? No tengo alas, me encuentro atrapada entre letras amargas, no hay progresos,  el ascensor baja. No le busco ya sentido a nada porque no encuentro ni mis palabras. Mi mente esta borrosa y confusa con temor a caer en la penumbra y ahora estoy aquí en la oscuridad con mis amigos los temores sin ganas de avanzar.-Le lanza una mirada de odio.-Me estorba tu felicidad en esta zona. Si quieres venir a verme tendrás que estar como yo.

Ella niega con la cabeza.
-Lo siento mucho, pero si quieres verme de nuevo tendrás que subir, date cuenta de que nadie volverá a bajar aquí por ti.





4 de mayo de 2011

Enorme colador.

Elisa observaba aquel enorme colador que le regalaron al nacer. Tenía grandes agujeros y ya no le molestaba tanto.
Recordó todo aquel sufrimiento que le causaba.

Cuando nació ella adquirió ese colador que solamente podía ver ella y carga consigo. En él depositaba a cada nueva persona que conocía y la llevaba consigo. Y poco a poco comenzó a pesarle.

Un día los agujeros del cedazo empezaron a hacerse un poquito más grandes y hubo gente que cayó de ese colador, pero a Elisa no le importó. Ya no le servían para nada, y además, el colador se hacía más ligero.


Con el paso de los años, ese colador siguió adquiriendo gente, amistades.. .y como el cedazo se hacía más grande,seguían cayendo hasta que se equilibró y Elisa no tenía que ir casi por los suelos del peso, sino que podía caminar tranquilamente, porque ya había muy poca gente en ese colador, pero estas si valían la pena y no podían caer por los agujeros del cedazo.


¡COMPARTE!